Anamnesis casera

La puerta de atrás

¿Nunca es tarde?

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Idea original: Angustina Milindres y Pipi Rara

Escena Primera

Un profesor de Universidad llena una gran pizarra de fórmulas Matemáticas mientras explica a toda velocidad lo que está escribiendo. En uno de los extremos, cinco números flotan de forma desordenada. Uno de los estudiantes, con la cabeza dejada caer sobre la mano, garabatea unos folios. Distraidamente y como por inercia, mecido por la monotonía de la copla docente, copia los números. En el folio se puede leer perfectamente: 4 6 9 2 1. Acaba la clase y todos los alumnos se despejan repentinamente, cierran su cuadernos y salen del aula.

Escena Segunda

El joven de los números en el folio camina hacia el metro junto a varios compañeros con los que charla animadamente. Pasan por delante de un puesto de lotería. Lo ven todos los días así que no le prestan mayor atención. Sin embargo, el de los números en el folio ve por  el rabillo una combinación en el tablón que le resulta familiar. Se despide allí de los amigos, saca los folios de la mochila y comprueba la coincidencia: 46.921. Mira el cuaderno, mira el décimo y mira su cartera. Duda unos instantes y al final, compra el décimo.

Escena Tercera

Días después, el joven, camino de la Facultad, se acerca al puesto de lotería a comprobar el resultado del sorteo. Con gesto resignado, rompe su décimo. A punto está de irse pero se da cuenta de que su número, el 46921, sigue estando allí. Lo compra.

Escena Cuarta

Han pasado 10 años, es temprano y ha llovido durante la noche. El universitario de entonces sale del metro camino del Instituto donde da clase. Tiene apenas 30 años. Unos metros antes de llegar a la puerta del centro, saluda con  familiaridad al vendedor del quiosco de lotería. Saca su décimo y mira unos resultados. Lo rompe una vez más, al igual que todas las semanas durante los últimos 10 años, y desperdiga los pezados fuera de una papelera. En ventanilla, compra otro décimo con el mismo número y se despide con una mano alzada y una sonrisa.

Escena Quinta

Es mediodía. En un salón modesto, el profesor de Instituto toma café sentado en un sillón individual. Al lado, su mujer y los padres de ella. Dos niños juegan en el suelo mientras los mayores están tomando café. El profe, de unos 45, se levanta a por un periódico y busca la página de los resultados de la lotería. Pocos segundos después, deja el periódico sobre una mesa, se saca el décimo del bolsillo de la camisa y lo rompe. Los pedacitos se quedan sobre un cenicero limpio.

Escena Sexta

Con 67 años, ahora es un profesor jubilado que se entretiene enseñando las fotos de sus nietos a otros compañeros de profesión. Sus hijos se han marchado lejos, allí donde han encontrado buenas oportunidades de trabajo o el amor. A la pequeña sólo la ha visto intermitentemente desde que se fue a Boston a terminar la carrera. Ahora es madre de una niña. Volverá en Navidad. Su mujer y él lo están deseando. Es hora de comer, así que se despide de todos y se va a casa. De camino, entra en la Administración de Lotería de su barrio. Allí comprueba lo que ya sabe. Minutos después sale con el décimo recién comprado en una mano y con los trozos del viejo en la otra. En la calle, levanta la tapa de un cubo de basura y lo riega con los pezados.

Escena Séptima y última

El día se ha levantado muy frío aunque, como 22 de diciembre que es, las ilusiones calientan el ambiente. En su habitación de la residencia hay un viejo aparador repleto de fotografías familiares. Sentado en una mecedora frente al televisor, contempla una en especial hecha dos años atrás. Es la de su mujer, la persona con la que compartió su íntima ilusión durante los últimos 39 años. Sobre la manta que le cubre las piernas tiene una revista y un folio en blanco donde irá apuntando los números del Sorteo Extraordinario de Navidad. Mientras los críos cantan estridentemente, él garabatea la hoja al igual que haciera nada menos que 55 años atrás en la Facultad. El locutor eleva la voz para llamar la atención de los espectadores, pero él sigue remarcando los garabatos sin percatarse de nada. Por fin, fija la vista en la pantalla y llora quedamente sin dejar de mirar el televisor donde aparece el 46.921. A sus pies, un décimo de Lotería de Navidad hecho confeti. Desordenados, los trozos dejan entrever los números: un 4 un 6 un 9 un 2 y un 1.

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Written by Galo Sirtsigam

19 diciembre, 2010 a 17:05

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