Anamnesis casera

La puerta de atrás

Kung-Fu Kid

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Nací de muchos mundos pero sólo hablo un idioma.

– Mamá, ¿sabes qué me van a regalar cuando cumpla veinte años?
– No tengo ni idea… ¡cómo lo voy a saber!
– Pues yo sí lo sé. Una cámara de fotos. Como la tuya grande del trabajo.
-¡Qué chula! Así podrás hacerle fotos a tu mascota.
-Sí, y ¿sabes cómo la voy a llamar?
-¿A la cámara?
-Nooooooooooooo. A mi mascoota.
-Tampoco lo sé.
-¡Mordisquitos!
-¡Me encanta! ¡Me encanta!
-Mordisquitos, Mordisquitos.

Sería un gato. Aunque un perro también. Se llevarían bien. Mordisquitos y Snowy. Y nunca saldría de casa sin ninguno de ellos. A ningún sitio. Incluso renunciaría a su viaje a Venezuela si no les dejaban ir con él en el avión.

-Es que son mi responsabilidad.
-Bueno, podemos hacer un trato. Tú te vas a Venezuela con tu papá y yo me quedo cuidándolos.
-No, mamá, no, eso es cosa mía. ¿Tú los cuidarías bien?
-Pues claro. ¿No te fías de mí?
-Sí, pero es que les echaría mucho de menos.
-Hagamos una cosa. Cuando cumplas los 12 años y te vayas, hablamos.
-Vale. ¿Pero con 10 tendré a Mordisquitos?
-Sí, creo que sí.
-Biennnnnnnnn.

La calle que recorría a zancadas era una luna perfecta repleta de cráteres, precipicios de mil metros, trampas rebosantes de escorpiones negros y piedras sobre ríos atiborrados de cocodrilos. Los sorteaba todos como un superhéroe de videojuego. Fuerte, preciso, sincronizado, rápido. Esa misma calle pavimentada y gris cambiaba de escenario y de color dependiendo de la obsesión del día. A millones de kilómetros de distancia le seguía su madre. Porque ella sin él no iba a ningún sitio y porque no fuera a ser que a aquellos escorpiones alguna vez les diera por picar de verdad.

Se obstinaba por pararse a cada salto como si controlara el tiempo. El suyo y el de los demás. No había ningún otro héroe en aquel juego, salvo los que le rozaban fugaces y perplejos por tanta necesidad de espacio y movimiento sobre una simple baldosa. En su desafío, las clases de Kung-Fu no comenzaban a las cinco y cuarto, no comenzaban nunca, la verdad, porque él era el gran maestro. A veces incluso paraba el reloj, pero el mudo tic-tac, tozudo, desafiaba toda ley natural o inventada. El tiempo es una máquina quitanieves. Arrasa con acero frío y empuja hacia delante. No hay voluntad que la pare. Ni natural ni inventada.

– ¡¡Vamos, vamos…!!-, le grita su madre.

Y al momento, comienza una carrera frenética con la cabeza hacia abajo y la mochila a punto de dispararse como un cohete sobre la espalda. Puede tratarse de obediencia o de un leve síntoma de responsabilidad. O a lo mejor se trata sólo de costumbre. Debe ser eso porque la carrera dura poco. Le frenan unas rocas blancas que marcan el camino a la otra orilla del río. Ahora sí va contrarreloj. Las pirañas se le comerán si no atraviesa las aguas antes de que se abra el puente. Zancadas grandes, zancadas grandes, zancadas grandes. En el último minuto una mano le rescata y le hace volar sobre el río. También forma parte del juego. La ayuda no le quita vidas porque tiene puntos acumulados que le dan bonificaciones extra para utilizar en caso de apuro.

Sería divertido que pudiéramos reinventar la vida por pasos y cambiar el presente y el futuro a nuestro antojo. Como un juego. Una carrera perfecta, absolutamente dinámica y, claro que sí, creativa. Su madre lo pensaba mientras veía la mochila oscilar arriba y abajo sólo rellena por los guantes de boxeo de Kun-Fú. Eso le hizo pensar que ya no le valdrían para el curso siguiente y tendría que regalarlos o venderlos y comprar otros más grandes. Siempre más grande, más alto.

El cuerpo de un niño es un cuento que se reinventa día a día sin contar nada en concreto pero que alberga una gran historia. Y de eso te das cuenta, de repente, al probarle unos pantalones. Descubres lo que ya sabes, que ese niño hace rato que acabó de terminar un capítulo entero del que te quedan muchas páginas por leer. Y mientras relees y buscas a ver qué te has perdido, su cuerpo ya lleva muy avanzado el capítulo siguiente. También tú vas contrarreloj en esta carrera delirante contra el tiempo.

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