Anamnesis casera

La puerta de atrás

#15M en escala de colores

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Quien ordenó a la Policía golpear y atropellar a los de la Plaza Catalunya no podría haberlo hecho peor. Si fue una decisión tomada con la testosterona sobre la mesa, se equivocó de época y se quedó corto de bromuro. Si fue meditada, le faltó más tiempo para pensar y más inteligencia. Con la de resortes que tiene la Democracia y se decanta por el más salvaje. Los del 15M ya tienen un motivo definido para acampar sin desgastarse. Me siento disgustada cuando me convenzo de que el problema no está en el sistema, sino en nosotros mismos. Este como tantos otros es el reflejo de lo que somos y nos representa nos guste o no.

Con independencia de la atrocidaz policial, ni los del movimiento en las plazas ni los del balanceo político en las sillas de los despachos me convencen del todo y trato de tomar distancia para ver la cosa con perspectiva si es que eso es posible. Sólo he asistido a dos asambleas en la Puerta del Sol y lo que he visto, lo reconozco, me ha llenado de admiración: gente, mucha gente, dialogando, poniendo en común, intentando no caer en las mismas imposiciones que pretenden cambiar, desconocidos que esperan y piden su turno de palabra sin moderador visible, aplausos con lengua de signos para evitar interrupciones. Y la cosa más o menos funcionaba. Ahora dudo que siga funcionando de la misma manera tras los  ‘desalojos’ de Barcelona y Lleida. Alguien se equivocó al zarandear la colmena y la masa me preocupa. Me preocupa la adrenalina que se despierta en el hombre cuando se siente arropado por otros miles inflamados como él. En estos casos, la Historia nos dice que al final hasta las mejores intenciones se desvirtúan.

También me pongo en el lugar de los otros ‘indignados’, de ahí mi dualidad. Empatizo con los comerciantes de las plazas, empatizo con aquellos a los que les duele su propio esfuerzo y defienden su recompensa, con los que nunca se han saltado la Ley porque creen en ella y les molesta que otros, menos conscientes de las consecuencias, hagan alarde de una valentía exagerada al burlarla. Me pongo en mi propio lugar y me siento abducida por un sistema al que no paro de alimentar, a pesar de haber luchado contra él, pero al que respeto. Respeto esta fórmula democrática porque me da cosas que quiero y me permite elegir si no las quiero.  Me permite discutir del hambre en el mundo con la tripa llena, me permite saber qué guerra se cuece al otro lado sin que me silbe una bala en la oreja, me permite tomar conciencia y estar informada por medio de tecnología de última generación sin experimentar grandes males. Todo esto me hace oponer cierta resistencia, me reafirma en la propiedad privada y en lo que me costará como contribuyente las molestias y los gastos en seguridad y limpieza que ocasiona el 15M. Puede que en el fondo me de un poco de miedo cambiar no sea que pasemos de una manipulación a otra manipulación y encima pierda. ¡Quién sabe!

Así que por el momento, no llego a ningún sitio. Me he parado en el centro, donde se encuentra la escala de colores que va del azul al rojo excluyendo únicamente los tonos que se van a los extremos.

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Una respuesta

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