Anamnesis casera

La puerta de atrás

Opiniones en bruto

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Fotografías de policías con la rodilla sobre la cabeza de un chico, denuncias de padres a profesores por incitar a menores a manifestarse, llamamientos a ‘quemar las calles’, imágenes tergiversadas de otras protestas que se hacen pasar por las de ayer en Valencia, policías cargando como si tuvieran que rescatar a la ciudad de los malos, peticiones de dimisión, instrucciones de cómo enfrentarse a la policía…

Twitter no deja tiempo para pensar. Te arrastra hacia una marea de opiniones en bruto. Sin aparente premeditación, los que formamos parte de la masa tiwtera hacemos de los RT chispas que alientan más el fuego. Y en ese escenario vertiginoso te ves obligado a colocarte y opinar. En caliente. A pesar de que toda la información (de un bando y de otro) que tratas de digerir te pueda parecer sesgada. La masa de Twitter dice: “O estás con nosotros o en contra”.

Y lo que subyace es: “Si estás a favor justificas también que se pueda armar parda. Si estás en contra, eres un fascista reprimido que abogas por la mano dura“. Pues ni lo uno ni lo otro. Por ahí no paso.

Que los chavales tienen derecho a protestar porque pasan frío, -ellos y cualquiera-, SÍ, faltaría más. Todos tenemos derecho a protestar por aquello que nos parece mal. Forma parte del Estado de Derecho. Pero hacerlo como Atila y pagar con los contenedores y las papeleras una furia que no ha tenido tiempo para la reflexión, NO. El Estado de Derecho, el que hemos elegido que exista, el que nos permite protestar, brinda otros cauces y esos son los que debemos aplicar en cualquier caso.

Para los manifestantes y para los que están detrás de ellos, que los hay, el resultado ha sido más que satisfactorio: repercusión, politización y generación de simpatías hacia un bando concreto. Para los políticos que han tenido que tomar la decisión de “esto hay que pararlo”, no tanto. Al final, y como se preveía, han hecho lo que tenían que hacer -demasiado- y han sido ellos los que la han terminado de liar parda.

Porque esta vez, quienes hemos visto que estaban frente a los policías eran chavales armados con escuadras y cartabones pidiendo calefacción y legitimando con sus moratones las protestas contra el nuevo mal de nuestro tiempo occidental, los recortes, que no solo la calefacción. Y así sí, prueba conseguida. Si desde lo más emocional apoyamos que se hiciera en Grecia porque eran padres y madres reclamando bienestar, cómo podemos repudiar que lo hagan nuestros jóvenes en nombre de la Educación. Está claro, ¿no?

Lo malo de todo esto no es que se haga, sino cómo se hace. Y cómo se trata de manipular para que se haga. Ayer dejé de creerme todo lo que veía y leía. Dejé de creerme la efusividad con la que muchos arremetían contra los policías y le cantaban nanas a los estudiantes y viceversa. Todo me generó incredulidad.

Vayamos al origen de las cosas, démonos tiempo y reflexionemos desde ahí. Nos está haciendo mucha falta.

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Written by Galo Sirtsigam

21 febrero, 2012 a 13:08

Publicado en Galo

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