Anamnesis casera

La puerta de atrás

Conversaciones en topless

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Es Peter, Petre y Daniel. No por ese orden, pero responde a todos. Su madre le cambió el de Petre por Daniel cuando se salvó de una faringitis que casi se le lleva al otro barrio a los 10 años. En su pueblo, Transilvania, existe la creencia de que si la muerte se cruza en tu camino en algún momento de la vida lo mejor es despistarla poniéndote otro nombre. Y su madre no tuvo reparos en seguir la tradición por si acaso. Lo de Peter vino por una profesora de Universidad que no se aclaraba con la derivación rumana de Pedro y lo ventiló por la vía rápida. A ella con complicaciones no.

Todo esto me lo contó Petre-Daniel-Peter mientras yo me encontraba con las tetas al aire delante de su sonrisa plácida, un tupé esculpidísimo y unos ojillos azules muy sonrientes. Quizá por encontrarme de semejante guisa o porque Petre debe haber visto cientos de pares de senos, en ningún momento desvió su mirada de la mía y yo no me percaté de mi exposición en ningún momento. Petre me colocó una a una las mamas para ver por dentro y además evitar que la máquina de las mamografías me amputara los pulmones. Una máquina, por cierto, de última generación especial por su software y de la que, según me contó Petre, solo hay tres.

Me hacía gracia que se empeñara tanto en que no me sintiera incómoda. ¡Pero si yo no me daba ni cuenta de mi medio streeptess! La batita de papel de fumar que me dio al entrar no evitaba el topless ni dándole tres vueltas pero para Petre era como la Sábana Santa y la utilizaba para cubrirme cada vez que exploraba uno de los pares. Delicadísimo, eficacísimo y concentradísimo. Y yo bla, bla, bla y bla como si estuviera de cañas.

Me lo pasé bien con Petre y pensé que había tenido suerte de haberle caído en gracia. Pero mientras esperaba tumbada con las manos detrás de la cabeza para la ecografía en el cuarto de al lado, le escuché hablar con una señora mayor. Para ella tenía otra conversación pero la misma atención y las mismas ganas de hacerla sentir bien y confiada.

Antes de irme le dije que gente como él hacían de nuestra Sanidad, la Pública, la mejor. Le di las gracias de verdad y me fui de allí contenta por varias razones. La primera, que por fortuna no hay nada malo dentro de mis mamas. La segunda, que Petre me había hecho sentir en el Ritz de los hospitales. Para que luego digan.

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Written by Galo Sirtsigam

8 julio, 2013 a 21:38

Publicado en Sin categoría

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