Anamnesis casera

La puerta de atrás

Hoy cumples 45

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Sí te pienso, David.

Y te invento.

Por ejemplo, que eres padre. De dos. Y que somos un montón para cenar en Navidad. Que la yaya no descuelega las cortinas ella sola. Espera al día que vas a comer con los niños para lavarlas. Que el yayo le va contando a todo el vecindario que has ascendido (no podía ser de otra manera), y aunque se pasa de plasta, le dejamos porque a ver quién no estaría como un pavo.

Que has ido con el enano a ver el concierto de Loquillo para volver a los años locos del ‘Cácilac solitario’ y eres tú quien me manda el vídeo. Allí estás, a pleno pulmón sobre las gradas y con el smartphone en una mano grabando a todo gas, mientras coreas las letras con un bourbon en la otra. Más mayor, claro, pero más sereno, como todos. Para la ocasión, te has vuelto a peinar el tupé, te has puesto los vaqueros remangados y las botas negras gordas que a mí siempre me parecieron de buceador de los 50. Y el pendiente, ahí, donde siempre. ¿Te acuerdas de cómo hicimos el agujero? Sí, hombre, en el cuarto de baño, a escondidas, con una aguja gorda quemada, un hilo de lana roja enhebrado y ¡ala! a perforar el lóbulo. Todavía me tiembla el pulso. Y después, bueno, después, no hubo forma de evitar los gritos locos de madre cuando te vio la oreja como un pimiento. Meses te costó bajar la infección, pero, al final, luciste pendiente.

Te invento más.

Que me llamas todavía loquita, que hablamos por whatssap y que discutimos los tres hermanos, tres, sobre política en la sobremesa familiar de algún sábado o domingo. En esa charla nos acordamos de que ahí mismo había un muro que tiramos a mazazos una mañana.

Que eres tío. Que tu sobrino te mira con admiración. Que te pregunta mucho por tu trabajo y que te enseña cómo le queda tu chupa vieja de faena. Que le prometes que cuando te cambien la que llevas, se la darás también.

A Coca le ves de vez en cuando y recordáis los meses compartidos de destino que os tocó años después y por casualidad.

Que aún os juntáis algunos en la ‘L’ y que habláis de los que buscaron el futuro más lejos. Como eres muy discreto, no cuentas lo que sabes sobre los otros. Cosas que sólo te cuentan a ti.

Que has cambiado de moto -ya van tres- y no te pierdes un gran premio a pesar de las cantaletas de tu mujer. Pero ahora tardas más de tres horas en recorrer 600 kilómetros porque ya te has llevado algún susto y no quieres más; por tus hijos, por ti, porque no piensas morirte sobre la 1.000. Y cuando llegas a Montjuic y te ves con Rafa, es como si el tiempo se detuviera año tras año, en 1994.

Que en la boda de Javi la liaste parda porque te hacía feliz que la novia de tu ‘hermamigo’ se decidiera de una vez. Que le llenaste la habitación del hotel de purpurina y que aún lleváis los dos la cruz de los ‘paracas’. Y que yo no lloré al ver a Raquel entrar en la fiesta.

Que mañana comemos o no todos juntos para celebrar que hoy cumples 45. Pero que cumples 45 y que aquel 24 de noviembre del 94 no hubo llamadas, ni hospitales, ni llantos, ni desesperanza y no fue como realmente fue.

Te imagino una vida no perfecta, pero una vida al fin y al cabo.

Feliz cumpleaños, hermano.

 

 

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Written by Galo Sirtsigam

18 noviembre, 2016 a 22:56

Publicado en Sin categoría

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