Anamnesis casera

La puerta de atrás

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Historia de un papel

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Este trocito de papel me lo encontré en la parada de un autobús hace unos días y desde entonces he imaginado de quién podría ser, a quién iba dirigido y cuál fue su recorrido antes de llegar hasta mí.

1) Su autor/a empezó a escribirlo sentada/o en alguna de las marquesinas de Madrid.

2) Lo continuó en el autobús.

3) Antes de acabarlo, lo estrujó y se lo guardó en un bolsillo con la intención de tirarlo a la papelera más cercana.

4) El papel se cayó de su bolsillo al bajar del autobús.

5) Yo lo encontré.

6) Lo he restaurado.

El texto que ha resultado de este improvisado cadáver exquisito está más adelante. He cambiado el género. He añadido frases, le he dado forma de poesía sin ninguna pretenciosidad porque hacerlo sería un disparate y le he puesto un final. Si alguien lo reconoce, ya sabe dónde está y qué ha sido de él.

 

 

 

Eres fuente seca. Seca tu boca, seca tu piel, seco tu sexo.

Yo soy un manantial que no quiere llenarte.

Mi agua pertenece a otra. La de mi piel, la de mi boca, la de mi corazón y mi cerebro.

La de mi sexo.

Mis gotas la bañan e hidratan sus poros.

Esos agujeritos proféticos que utilizo como cauce

y llevan al único sendero.

Resbalan mis gotas por su cuerpo

y me nutro de sal, sudor, hierro.

Rica y poderosa me encamino hasta su delta, mi delta,

mi destino.

Tú no eres mi cuna.

No eres mi nacimiento.

No me deslizo por ti. Me estanco.

Todo lo que no sea su seno me pudre.

Tú eres fuente seca y yo, sin ella,

soy desierto, manantial muerto.

Written by Galo Sirtsigam

30 abril, 2012 at 15:36

Rubalcaba y las teorías de la conspiración

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Me despierta mucha curiosidad que Rubalcaba quiera liderar el Psoe tras el batacazo electoral del 20N. Los políticos, como los deportistas, tienen una vida profesional relativamente corta y esta dura lo que duran los éxitos y la buena forma física, salvando las distancias. Por eso me cuesta creer que la que fue mano derecha e izquierda de Zapatero, no persiga otro objetivo. ¿Presidente del Gobierno de España? ¿A estas alturas? ¿Por qué? Creo que hay algo más.

No me creí su campaña electoral ni su estrategia cuando le vi rodeado de viejas glorias políticas. Como si su meta fuera perder y peder estrepitosamente. Romperlo del todo para comprar uno nuevo a su gusto.

Tampoco me creo su candidatura a la secretaria general. Sigue insistiendo en lo mismo, en lo que ha caducado. Demasiado viejo todo. Demasiado pegado al pasado.

Se me ocurren varias razones para esta actitud y todas ellas, lo admito, tienen un lado oscuro. La primera: sus leales de hoy, los de antes, mantienen el poder intacto y los apoyos necesarios dentro del Psoe para encumbrarle. Sin ellos, no tiene nada. Segunda: conseguido el control absoluto del partido, Rubalcaba colocará a quien, estoy segura, ya tiene en mente colocar desde hace tiempo para pelear por el Gobierno de España. Y este sí que será nuevo para la mayoría de los ciudadanos, preparado durante tiempo dentro y fuera de España y con una visión completamente europeizada de lo que tiene que ser el socialismo, que no la izquierda. Se me ocurre, incluso, que hasta llegue a cambiar las siglas de lo que ahora conocemos como Psoe.

Rubalcaba ‘el limpiador’ ha sido un segundo destacado pero me da en la nariz que ahora pretende ser algo más que el número 1. Que lo sea en su partido, me da igual pero sí me infunde miedo pensarle de nuevo en los atrios del gobierno.

De Chacón, que ya estaba pero llevaba menos tiempo, ya escribiré en otra entrada. Sólo diré que en común, además de las siglas que les amparan, tienen el mismo olor a pasado chumascado. Ambos hablan de renovación llevando un abrigo viejo al que sólo le han cambiado los botones.

Written by Galo Sirtsigam

11 enero, 2012 at 14:22

Un lazo por ella

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– ¡Anda, anda! ¿Es que no te has visto? ¡Quítate esa falda porque así no sales a la calle!

Ella se cambió la falda.

– ¿Tú? ¡Tú qué hablas si eres analfabeta! Cállate y deja de decir tonterías.

Ella guardó silencio.

– Tú donde tienes que estar es aquí conmigo que soy tu marido. ¡Déjate de familia y de hostias!

Ella se quedó en casa.

– Un hombre tiene sus necesidades que para eso me he casado.

Ella se tumbó en la cama y se abrió.

Entre palo y palo, él le besaba las heridas.

Cabeza y corazón se le volvieron culpa y el cuerpo, un saco terrero.

Dejó de ser y se convirtió en sombra silenciosa.

De a poco echó el freno de la rebeldía y enseñó a sus hijos a hacer lo mismo. Para evitar follones, para que dejara de gritar por todo, para poder tener un momento de paz que nunca llegaba.

Quise estudiar, quise prosperar, quise aprender, quise trabajar, quise… Y no me dejó. Crié, limpié, cuidé, ahorré a escondidas, estudié a escondidas, soporté golpes por fuera y por dentro. Aguanté porque en una relación, la culpa es siempre de dos y yo no supe entenderle. Aguanté porque vi aguantar a mi madre. Aguanté porque era lo que se esperaba de mí. Aguanté porque no tiene a nadie más que a mí. Aguanté porque soy más fuerte en el fondo. Aguanté. Y olvidé que tenía sueños.

Un día, 40 años después, tras horas de gritos incontenidos, tuvo una bocanada de tanto que había tragado y sacó la llave para abrir la reja. Se marchó. Dolorida, asustada, cansada, culpable, triturada por dentro, apenada incluso por la soledad en la que dejaba a aquel hombre. Pero salió y vio amanecer.

Todavía le tiene en el pensamiento y se pregunta cómo saldrá adelante sin ella. Tan mayor.

Pero ahora si llora es ella, si ríe, también.

No tiene casa propia, pero ha vuelto a estudiar.

No tiene más ingresos que una pequeña pensión, pero ha vuelto a la vida.

Dedicado a todas ellas.

Written by Galo Sirtsigam

25 noviembre, 2011 at 12:47

Ráfagas y saludo en ‘V’

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Yo no sé lo que es el destino.

Caminando fui lo que fui.

¡Allá Dios que será divino!

Yo me muero como viví.

‘Magic’ nos dijo que lo celebráramos con risas y que brindáramos por él si llegaba el caso. El caso llegó y aquella copa nos ha dejado una resaca eterna. Fue una maza marca Honda CBR 600 la que hizo añicos todas nuestras vidas un 24 de noviembre de 1994 y todavía se mantiene en el suelo ocupando el hueco que debería ocupar David.

Seis días antes le dio la bienvenida a los 23 años con un sello de oro en su dedo y una placa en la solapa como recompensa a todo su esfuerzo. Sello, placa y juventud apenas estrenadas se quedaron en aquella curva falsa y de malas intenciones.

Hoy brindo de nuevo porque tuve suerte de tener completos sus 23, de haber llegado a tiempo de haber sido testigo de su éxito personal y de haber escuchado de su boca una y otra vez cómo me llamaba ‘mi hermana la loquita’. Quiero que lo sepa y se lo mando todo comprimido y codificado en una gran ráfaga y un saludo en ‘V’.

David

18/11/1971 – 24/11/1994

Written by Galo Sirtsigam

24 noviembre, 2011 at 14:00

Mi abuelo El Rojo

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Entre mi abuelo y yo hay una gran Historia que todo el mundo cuenta a su manera. Él la comenzó en La Rambla y yo, años después me la llevé a la Universidad empaquetada en una cinta de casete. Me la contó delante de una grabadora mojada con las lágrimas de un recuerdo que manaba de un agujero estampado en el hombro. Es que a mi abuelo le pegaron un tiro. Los nacionales, en la Batalla del Ebro. Es que mi abuelo luchó en el bando rojo y estuvo en la cárcel. Y le condenaron a muerte y le conmutaron la pena y fue de presa en presa llevando y trayendo piedras, construyendo parte de la historia de este país.

El me lo contó todo. A su manera. Que se creyó muerto muchas veces, que le dolía respirar cada mañana tras la reja. Que 12 años después de caer preso en el río donde vio morir a sus amigos, tan jóvenes como él, le dejaron volver al pueblo, resignado y escarmentado. Pero no le convencieron. Y nunca se convenció.

Mi abuelo fue de los rojos y la historia que me contó estuvo teñida siempre del mismo color. Sin proponérselo, me dio una lección sobre el significado de las ideas, de lo que se puede llegar a hacer por defenderlas. Y sin proponérselo, se hizo grande ante mis ojos. Mi abuelo luchó en la Guerra Civil, una guerra que siempre llevó a cuestas y que me supo transmitir.

Pero todo esto ocurrió antes, mucho antes de que Emilio se convirtiera en El Abuelo. El de los paseos eternos a ritmo de maratón, el que traía manojos de cardos recogidos en el campo aún sin urbanizar, el de la garrota y la boina, el que reunía a los nietos alrededor de toneladas de picadillo de tomate y naranja con cientos de barras de pan tierno para desayunar. El que nos dejaba corretear y chillar y mancharnos y disfrutar de ser niños, el que apartaba a las pesadas de nuestras madres para que nosotros, sus nietos, disfrutáramos de un poco de libertad. Ese era El Abuelo. El hombre simple que interiorizó una guerra, la guardó y dejó paso a la vida que tenía que venir. Sin más.

19 de marzo de 1979. Aquel Día del Padre, Emilio estaba en el hospital. Esa es otra historia que por suerte también pudo contar. No pude verle, pero me contaron que cuando escuchó la poesía de Rubén Darío que le grabé, Emilio lloró emocionado. Supe que mi abuelo me quería. Y después lo supe varias veces más: cuando me fruncía el ceño con malicia o cuando, como mi abuela, me llama ‘mardita madre’ si me portaba mal.

A Emilio le quedó la garrota como símbolo de mando cuando se le llenó la casa de mujeres y se dio cuenta de que allí poco podía mandar. Puede que de vez en cuando gritara un poco por allí o por allá para hacerse presente, pero el larguirucho de ojos azules de mi abuelo sabía perfectamente cuál era su lugar. Y desde ese sillón, el que siempre fue suyo, contemplaba el revoloteo casero como algo natural. Sé de buena tinta que a alguna de ellas le cosía los ligueros. Y sé también que el orgullo por sus seis hijas le inflaba y que nunca se reviró por no haber tenido un varón. Emilio, aunque algo protestón en otras lides, supo adaptarse a los tiempos.

Yo he tenido un gran abuelo que fue un buen hombre, sencillo y a veces sorprendente. Un hombre que salió de un pueblo con una historia que ha terminado formando parte de una tesis doctoral sobre la Guerra Civil. Lo que son las cosas.

Yo me voy a quedar con El Abuelo, no con el personaje, y con esa manera tan tranquila de pelar y cortar los tomates para luego hacernos disfrutar. Esa es la verdadera Memoria. Ahora, ‘Juli’ y Emilio están juntos. ¡Qué suerte!

Written by Galo Sirtsigam

8 noviembre, 2011 at 14:06

Publicado en A veces Galo y otras no

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#15M en escala de colores

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Quien ordenó a la Policía golpear y atropellar a los de la Plaza Catalunya no podría haberlo hecho peor. Si fue una decisión tomada con la testosterona sobre la mesa, se equivocó de época y se quedó corto de bromuro. Si fue meditada, le faltó más tiempo para pensar y más inteligencia. Con la de resortes que tiene la Democracia y se decanta por el más salvaje. Los del 15M ya tienen un motivo definido para acampar sin desgastarse. Me siento disgustada cuando me convenzo de que el problema no está en el sistema, sino en nosotros mismos. Este como tantos otros es el reflejo de lo que somos y nos representa nos guste o no.

Con independencia de la atrocidaz policial, ni los del movimiento en las plazas ni los del balanceo político en las sillas de los despachos me convencen del todo y trato de tomar distancia para ver la cosa con perspectiva si es que eso es posible. Sólo he asistido a dos asambleas en la Puerta del Sol y lo que he visto, lo reconozco, me ha llenado de admiración: gente, mucha gente, dialogando, poniendo en común, intentando no caer en las mismas imposiciones que pretenden cambiar, desconocidos que esperan y piden su turno de palabra sin moderador visible, aplausos con lengua de signos para evitar interrupciones. Y la cosa más o menos funcionaba. Ahora dudo que siga funcionando de la misma manera tras los  ‘desalojos’ de Barcelona y Lleida. Alguien se equivocó al zarandear la colmena y la masa me preocupa. Me preocupa la adrenalina que se despierta en el hombre cuando se siente arropado por otros miles inflamados como él. En estos casos, la Historia nos dice que al final hasta las mejores intenciones se desvirtúan.

También me pongo en el lugar de los otros ‘indignados’, de ahí mi dualidad. Empatizo con los comerciantes de las plazas, empatizo con aquellos a los que les duele su propio esfuerzo y defienden su recompensa, con los que nunca se han saltado la Ley porque creen en ella y les molesta que otros, menos conscientes de las consecuencias, hagan alarde de una valentía exagerada al burlarla. Me pongo en mi propio lugar y me siento abducida por un sistema al que no paro de alimentar, a pesar de haber luchado contra él, pero al que respeto. Respeto esta fórmula democrática porque me da cosas que quiero y me permite elegir si no las quiero.  Me permite discutir del hambre en el mundo con la tripa llena, me permite saber qué guerra se cuece al otro lado sin que me silbe una bala en la oreja, me permite tomar conciencia y estar informada por medio de tecnología de última generación sin experimentar grandes males. Todo esto me hace oponer cierta resistencia, me reafirma en la propiedad privada y en lo que me costará como contribuyente las molestias y los gastos en seguridad y limpieza que ocasiona el 15M. Puede que en el fondo me de un poco de miedo cambiar no sea que pasemos de una manipulación a otra manipulación y encima pierda. ¡Quién sabe!

Así que por el momento, no llego a ningún sitio. Me he parado en el centro, donde se encuentra la escala de colores que va del azul al rojo excluyendo únicamente los tonos que se van a los extremos.

Soy de Madrid, ¿y?

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Almendro cercano a la Iglesia de La Paloma

Ayer tuve una charla intensa con un amigo malagueño. Me dijo que los de Madrid somos demasiado prepotentes. Por ser de la Capital, me decía, y que él no veía ningún sentido a eso. Yo defendí mi ciudad y a su gente, porque ¿quién es hoy de Madrid? Algo tendrá la ciudad que quien está en ella se siente de ella. Aquí, la pureza de nacimiento no existe y por eso Madrid es tan Capital.

Soy hija de un madrileño de cuarta generación -él, no yo-, pero eso poco importa en este Madrid de todos.

Nací en Madrid y en Madrid vivo. Estudié en Madrid y en Madrid sigo estudiando. Me escapo lejos y cerca siempre que puedo y pongo a prueba mi tolerancia a lo “otro”. A más kilómetros, menor oposición a lo que es distinto. A mi hijo le obligaré a escaparse para que ejercite esa capacidad tanto como la del criterio y la de no mirarse el hombligo. Ser hijo único hoy en día es tan peligroso como no viajar. Lo primero ni quiero ni puedo remediarlo ya. Para lo segundo, estamos a tiempo.

Madrid sigue siendo la ciudad que más me gusta. Y eso que conozco algunas más a este y al otro lado del charco.

Madrid me da y me quita en la misma proporción pero no me hace daño. Ni su tráfico, ni sus prisas, ni las carreras contrarreloj que emprende constantemente. Lo confienso: soy cateta de asfalto y soy cateta del asfalto de Madrid. Ella es mi medio. Es posible que no sepa identificar un arbusto de un árbol, pero identifico a la perfección los ladrillos, las piedras de las fachadas de los edificios, los rincones vacío y las flores naturales que sólo durante segundos tratan de dar naturalidad a la ciudad.

Puerta de Toledo (Madrid).

Me crié en Las Vistillas y no recuerdo cuándo vi Madrid por primera vez porque siempre que la miro es la primera. Madrid no desilusiona y si alguna vez lo hace ya se encarga de camelarte para que la quieras un poco más. Y caes, claro que caes. Porque puede y porque quiere. Madrid te deja que seas fascinante, te deja ser tú a solas y ser tú formando parte de algo. Madrid es Madrid y punto. Y a mi amigo, por mucho que reniegue, Madrid le ha conquistado. Porque al final, queramos o no, todos somos de Madrid. Como yo, ¿y qué?

Y que nadie se confunda. Soy tan de Madrid como colchonera. Soy del Atlético de Madrid. Y eso es así de claro.

Written by Galo Sirtsigam

13 marzo, 2011 at 14:50

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