Anamnesis casera

La puerta de atrás

Archive for the ‘Filosofías de un hombre sencillo’ Category

A lo mejor se llama involución

leave a comment »

– Mamá, ¿cómo hemos llegado hasta aquí los seres humanos?

Trato de aclarar sus dudas y le explico lo último que se sabe sobre el primer hombre; que surgió en África, que más tarde y poco a poco emigró a otras zonas del planeta donde hace menos calor. Que su piel y su cuerpo se adaptaron a los distintos ambientes aclarándosele la piel y los ojos en unos casos, haciéndose más grande o más pequeño en función de la temperatura en otros y que esas son las únicas diferencias entre los seres humanos: lo que llamamos razas. Sin apenas dejarme terminar, la pregunta es un escopetazo.

– Mamá, entonces ¿por qué hay racistas si somos los mismos pero cambiados?

Written by Galo Sirtsigam

15 agosto, 2012 at 11:49

El miedo de Dios

leave a comment »

Informativo de las 15 horas. En su mente calan muchas palabras que tamiza a su manera y las adereza a lo SA. Las palabras son las mismas para todos o eso creo: crisis, bancarrota, paro, políticos, violencia de género, violencia de no género, guerra, atentados, violación…

Lo vemos entero y lo escuchamos juntos. Él pregunta y yo respondo. Otras veces me adelanto a las explicaciones porque me parece increíble que no comente nada sobre el término ‘abuso de menores’. Después de escucharme, me interroga sólo para darme a entender que sabe qué es:

– Eso tiene que ver con el sexo y los niños, ¿verdad?

El informativo le aburre soberanamente pero ahí está, cumpliendo su parte del pacto. Es la única manera de evitar la dictadura animada. Por fin acaban las noticias. No sé ni cuántas vueltas le ha dado a lo que ha visto ni la fuerza del centrifugado, pero el resultado lo vuelca sobre el plato en crudo:

– Mama, creo que Dios está ahí arriba porque tiene miedo de lo que ha creado abajo.

Written by Galo Sirtsigam

27 julio, 2011 at 17:44

Kung-Fu Kid

leave a comment »

Nací de muchos mundos pero sólo hablo un idioma.

– Mamá, ¿sabes qué me van a regalar cuando cumpla veinte años?
– No tengo ni idea… ¡cómo lo voy a saber!
– Pues yo sí lo sé. Una cámara de fotos. Como la tuya grande del trabajo.
-¡Qué chula! Así podrás hacerle fotos a tu mascota.
-Sí, y ¿sabes cómo la voy a llamar?
-¿A la cámara?
-Nooooooooooooo. A mi mascoota.
-Tampoco lo sé.
-¡Mordisquitos!
-¡Me encanta! ¡Me encanta!
-Mordisquitos, Mordisquitos.

Sería un gato. Aunque un perro también. Se llevarían bien. Mordisquitos y Snowy. Y nunca saldría de casa sin ninguno de ellos. A ningún sitio. Incluso renunciaría a su viaje a Venezuela si no les dejaban ir con él en el avión.

-Es que son mi responsabilidad.
-Bueno, podemos hacer un trato. Tú te vas a Venezuela con tu papá y yo me quedo cuidándolos.
-No, mamá, no, eso es cosa mía. ¿Tú los cuidarías bien?
-Pues claro. ¿No te fías de mí?
-Sí, pero es que les echaría mucho de menos.
-Hagamos una cosa. Cuando cumplas los 12 años y te vayas, hablamos.
-Vale. ¿Pero con 10 tendré a Mordisquitos?
-Sí, creo que sí.
-Biennnnnnnnn.

La calle que recorría a zancadas era una luna perfecta repleta de cráteres, precipicios de mil metros, trampas rebosantes de escorpiones negros y piedras sobre ríos atiborrados de cocodrilos. Los sorteaba todos como un superhéroe de videojuego. Fuerte, preciso, sincronizado, rápido. Esa misma calle pavimentada y gris cambiaba de escenario y de color dependiendo de la obsesión del día. A millones de kilómetros de distancia le seguía su madre. Porque ella sin él no iba a ningún sitio y porque no fuera a ser que a aquellos escorpiones alguna vez les diera por picar de verdad.

Se obstinaba por pararse a cada salto como si controlara el tiempo. El suyo y el de los demás. No había ningún otro héroe en aquel juego, salvo los que le rozaban fugaces y perplejos por tanta necesidad de espacio y movimiento sobre una simple baldosa. En su desafío, las clases de Kung-Fu no comenzaban a las cinco y cuarto, no comenzaban nunca, la verdad, porque él era el gran maestro. A veces incluso paraba el reloj, pero el mudo tic-tac, tozudo, desafiaba toda ley natural o inventada. El tiempo es una máquina quitanieves. Arrasa con acero frío y empuja hacia delante. No hay voluntad que la pare. Ni natural ni inventada.

– ¡¡Vamos, vamos…!!-, le grita su madre.

Y al momento, comienza una carrera frenética con la cabeza hacia abajo y la mochila a punto de dispararse como un cohete sobre la espalda. Puede tratarse de obediencia o de un leve síntoma de responsabilidad. O a lo mejor se trata sólo de costumbre. Debe ser eso porque la carrera dura poco. Le frenan unas rocas blancas que marcan el camino a la otra orilla del río. Ahora sí va contrarreloj. Las pirañas se le comerán si no atraviesa las aguas antes de que se abra el puente. Zancadas grandes, zancadas grandes, zancadas grandes. En el último minuto una mano le rescata y le hace volar sobre el río. También forma parte del juego. La ayuda no le quita vidas porque tiene puntos acumulados que le dan bonificaciones extra para utilizar en caso de apuro.

Sería divertido que pudiéramos reinventar la vida por pasos y cambiar el presente y el futuro a nuestro antojo. Como un juego. Una carrera perfecta, absolutamente dinámica y, claro que sí, creativa. Su madre lo pensaba mientras veía la mochila oscilar arriba y abajo sólo rellena por los guantes de boxeo de Kun-Fú. Eso le hizo pensar que ya no le valdrían para el curso siguiente y tendría que regalarlos o venderlos y comprar otros más grandes. Siempre más grande, más alto.

El cuerpo de un niño es un cuento que se reinventa día a día sin contar nada en concreto pero que alberga una gran historia. Y de eso te das cuenta, de repente, al probarle unos pantalones. Descubres lo que ya sabes, que ese niño hace rato que acabó de terminar un capítulo entero del que te quedan muchas páginas por leer. Y mientras relees y buscas a ver qué te has perdido, su cuerpo ya lleva muy avanzado el capítulo siguiente. También tú vas contrarreloj en esta carrera delirante contra el tiempo.

“Has tardado 19 segundos”

with one comment

Quiero imaginar cómo es. Meterme en su cabeza y bucear entre sus pensamientos y sentirlos. En la piel, en los ojos, en la lengua. ¿Y si al mirar a alguien no supiera si sonríe o llora? ¿Y si al recibir una respuesta no pudiera comprender ni el sentido ni las palabras? ¿Y si eso me ocurriera sólo algunas veces? ¿Y si la confusión fuera intermitente? ¿Y si el mundo que me rodea fuera extraño, instigador, incomprensible, avasallador, estresante, exigente hasta el auxilio? Quiero imaginar cómo es y no me sale.

– Mamá, tengo sed.

– Pues acércate a la barra y pídele al camarero un vaso con agua. Recuerda que tienes que decirle, por favor.

– (Al camarero) Me das un vaso de agua, por favor.

El camarero le sirve, le sonríe y espera un gracias. Pero sólo hay una respuesta:

– Has tardado 19 segundos en poner el agua.

Aunque me río, instantáneamente suena un gong en mi cabeza. Ahí está, me digo. Ahí está. Y aún así, a pesar del respingo en el corazón, se me abre un vendaval de orgullo, de amor, de complicidad, que todo lo que nos rodea desaperece en ese instante. Como dos enamorados en una pista de baile.

Ojalá el resto apreciara tu manera de moverte sobre la tarima. Pero nosotros, tú y yo, sí vamos a darles tiempo, ¿te parece? Mientras tanto, compartiremos tus pasos con los que, como nosotros, conocen la coreografía.

Síndrome de Asperger

Written by Galo Sirtsigam

11 febrero, 2011 at 0:38

Elegir y apostar

with 2 comments

Cl's tree.

Este año he dejado en sus manos la decoración del árbol de Navidad y la del Nacimiento. Y los dos productos han sido del todo apoteósicos, sinceramente, aunque he preferido destacar el árbol.

Sobre el sillón y a su diposición dejé las bolas, las cintas, las luces, una bobina de hilo para engarzar los adornos y la posibilidad de expresarse. Este último elemento ha sido el que más éxito ha aportado al proyecto.

Sú árbol es como él mismo: sencillo, nada recargado y sumamente práctico. La cintas están guardadas porque consideró que la bobina de hilo dorado -algo más de 25 metros- podía sustituir a la perfección a las tradicionales guirnalditas. También desechó los lazos rojos: “Pufff”, se dijo al verlos. Y la estrella que compré le pareció demasiado pequeña, así que hay que buscar otra para coronar su diseño.

Es cierto que luego costó un poco convencerle de que tras la explosión de creatividad, había que recoger, pero también superó la prueba con creces.

El autor -9 años- no ha querido aparecer en la foto, nunca quiere, bajo ningún concepto, ni con obra ni sin ella. Pido disculpas por él y por mí y me veo en la obligación de explicar que si el árbol tiene una belleza extraordinaria, su autor, por dentro y por fuera, la supera con creces. Y sí, claro, es pasión de madre.

Feliz Navidad a todos.

Written by Galo Sirtsigam

17 diciembre, 2010 at 13:17

Lección de Conocimiento del Medio

leave a comment »

“Al estudiar las relaciones de los seres vivos con su ambiente, podemos fijarnos en un tipo de organismo en concreto. Así, podemos observar los lobos de la fotografía y ver de qué organismos se alimentan, cómo les afecta el frío o el calor, etc. […] Observa la fotografía. ¿Qué relaciones hay entre los lobos y el ambiente en el que viven?”

– A ver, ¿qué ves?

– A unos lobos devorando a su presa… Pero mamá…

– ¿Qué?

– No entiendo lo de relacionarse.

– En este caso, los lobos han trabajado en equipo para poder comer. Han cazado juntos y juntos se reparten lo cazado. Forman una manda. Se cuidan unos a otros. ¿Ves? No se pelean por la comida, por ejemplo.

– Mamá…

– Dime.

– Mamá, estos no se pelean porque tienen comida de sobra para todos…

Tras una simpleza, un niño ve la realidad más feroz. Sin telediarios, ni periódicos que le compliquen el criterio.

La naturaleza artificial creada por el hombre es aún más cruel. Porque habiendo para todos, ninguno queremos renunciar a nuestra parte mientras las peleas se hagan en otro lugar. Si acaso, nos dejamos llevar por un simbólico gesto al que, en nuestro particular ecosistema, hemos denominado Solidaridad. Hasta ahí y nada más.

Written by Galo Sirtsigam

14 diciembre, 2010 at 10:55

Y nada sin existir

leave a comment »

Del Bolg: elisaserendipity.blogspot.com

– Tú, como siempre, ahí parado como una estatua sin hacer nada.

(Silencio)

– ¿Me has oído?

(Silencio)

– ¡¡Te estoy hablando!!

– Que sí, mamá, que te oigo.

– ¿Entonces?

– Mamá, no hacer nada es hacer algo. Es imposible no hacer nada.

C. 9 años.

Para entender y preguntarse mejor sobre el mundo, los  filósofos querrían ser niños. Es urgente que nos apliquemos en verlo todo por primera vez.

Written by Galo Sirtsigam

13 diciembre, 2010 at 20:36

A %d blogueros les gusta esto: